El aguilucho lagunero es una rapaz de tamaño medio y aspecto bastante
estilizado, aunque ciertamente más robusto que los restantes aguiluchos
presentes en nuestra fauna, a los que también supera en envergadura. La especie
presenta, como es habitual en otros miembros del género Circus, un acusado
dimorfismo sexual, ya que la hembra es bastante mayor y más pesada que el
macho, y ambos sexos exhiben plumajes muy diferentes.
Se trata de una rapaz de tonalidades fundamentalmente castaño oscuro.
El macho adulto tiene la cabeza y la nuca pardas con tonos rojizos y líneas de
color marrón oscuro que les da un aspecto rayado. La parte superior y el dorso
son de color pardo oscuro y las inferiores cerca de las patas y bajo vientre es
de color pardo rojizo que se van convirtiendo en crema según asciende hacia el
pecho y garganta. El iris de los machos es blanco amarillento, mientras que los
ojos de las hembras son más marrones.
La hembra adulta es un poco más grande y de color en general más pardo
oscuro tanto en la zona dorsal como la ventral. La cabeza, la garganta y los
hombros de tonalidades blanco amarillentas. La cola es de color marrón oscura
con un barrado característico en las hembras.
Los jóvenes son bastante parecidos a las hembras aunque con
tonalidades más homogéneas y más oscuras, presentando solo las manchas claras
en cabeza, nuca y garganta.
Todas las descripciones de plumaje sirven para dar una idea general de
la coloración de estos pájaros, pero no para definirlos con exactitud, pues las
variaciones individuales son muy grandes y sobre todo, los estados de
transición desde jóvenes a adultos dan lugar a una gran variedad en el color
que origina frecuente confusión al identificarlos.
Desde hace unos años, existe una curiosa polémica
entre expertos que están acostumbrados a ver estas aves en zonas habituales de
cría ya que la mayoría de las veces observaban hembras y/o jóvenes y rara vez
machos (muy distinguibles en su plumaje adulto). Al parecer hay varios estudios
al porqué de este motivo.
Se ha resuelto en parte la incógnita de la mano de un buen estudio
científico, como no podía ser de otra manera. Lo curioso es la explicación
descubierta. No hay más hembras que machos en la especie, sino que muchos
machos (cerca de un 40%) se visten de hembras para pasar desapercibidos ante el
poderío territorial de otros compañeros del mismo sexo. Una adaptación de la
que obtienen un excelente rendimiento.
Como ha demostrado un equipo de investigadores franceses con un
estudio publicado en Biology Letters, este travestismo les da una clara ventaja
sobre los, digamos, más ortodoxos ejemplares. Mientras durante la época de
reproducción todos los machos compiten agresivamente para aparearse, los que
parecen hembras quedan al margen de las disputas y pueden buscar tranquilamente
hembra sin necesidad de estar embroncados todo el día. Y eso les permite
ahorrarse muchas energías y disgustos.
Curiosamente, los machos “afeminados” se muestran más violentos hacia
las hembras que ante los propios machos, sean del tipo que sean. Ello demuestra
que no sólo se parecen a las hembras, sino que además se sienten hembras…
aunque finalmente copulan con hembras y sacan adelante su prole como cualquier
otra pareja.
En la sesión del otro día aparecieron dos laguneros con esta
tipología. Coloración general de hembra, ojos amarillos y cara de macho.
En ambos casos estuvieron muy poco tiempo y pude hacerles muy pocas
fotos.