Llega la primavera y empezamos las sesiones con las aves palustres que llegan a la albufera para anidar en sus carrizales.
Este primer intento ha estado flojito en cuanto a especies, pero es que muchas de ellas todavía no habrán llegado, pues la mayoría anida cuando el carrizal nuevo ya está bien desarrollado y eso suele suceder sobre mayo.
Aunque solo han entrado dos especies, ha sido una sesión entretenida con dos especies muy interesantes: el ruiseñor bastardo y el pechiazul. También anotar la aparición fugaz de un colirrojo real (solo he podido hacerle una foto y bastante regulera), este último seguramente en paso migratorio.
El ruiseñor bastardo no es una especie nada fácil de afotar. De pequeño tamaño, siempre tímido y escondidizo entre el carrizo, además su carácter inquieto le hace no estarse quieto ni durmiendo. La mejor manera de percatarse de su presencia, sin duda, es su potente y característico canto, que se deja oír incluso en invierno.
A destacar el hecho de que a finales de marzo aún quedan algunos pechiazules en la albufera.
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