Ya comentamos en una entrada de no hace mucho que el lagarto ocelado es una especie en franca regresión y que ya resulta muy difícil de ver en la naturaleza. En todas mis salidas al campo, mis encuentros con esta especie se pueden contar con los dedos de una mano.
En este caso he sido doblemente afortunado, pues en esta ocasión me he cruzado con una cría de la especie, poco más grande que una lagartija tocha, pero con sus clásicos ocelos ya perfectamente visibles.
Le deseamos suerte para que pueda llegar a la edad adulta y contribuir a la recuperación de la especie. Arduo trabajo le espera, a rastras por el suelo, con una larga lista de depredadores que lo incluyen como presa y con la animadversión humana como estigma, la supervivencia de esta especie es una autentica carrera de obstáculos.












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