El lagarto ocelado es el mayor lagarto europeo; mide normalmente unos 60 cm pero puede
alcanzar los 90 cm.
Se caracteriza por su corpulencia y aspecto macizo. Su cabeza es ancha
y triangular, más grande en los machos que en las hembras.
Su coloración es variable: el dorso puede ir del pardo al verde,
incluso moteado, aunque generalmente dominan los tonos verdosos claros con
abundantes marcas negras. Sus costados están adornados con dos o tres hileras
de manchas azules llamadas “ocelos” o “lepidos” (que significa “escamas”). Esta
profusión de ocelos en el cuerpo del animal da nombre a la especie.
Especie indiferente en cuanto al hábitat. Utiliza tanto zonas de
matorral como de bosque, así como terrenos agrícolas. Frecuente en áreas
abiertas, con escasa cobertura vegetal y con disponibilidad abundante de
refugios (grandes piedras sueltas, majanos, muros de piedra, oquedades en
árboles, etc).
Es un reptil solitario y poco sociable, que sólo se empareja
brevemente en el momento de la cópula y tras un acercamiento algo violento a su
compañera. Es muy ágil y veloz a la carrera, con capacidad de trepar a árboles
bastantes altos con gran rapidez. Es muy desconfiado y huye en cuanto se siente
amenazado.
Se dieta se basa principalmente de insectos, aunque puede depredar
sobre otros reptiles más pequeños, anfibios, pollos y huevos de aves, así como
sobre pequeños mamíferos (roedores) y sus crías. No desaprovechan la carroña y
también consumen frutos silvestres.
Los lagartos entran en celo en primavera, momento en
el que los machos se muestran muy territoriales y agresivos con otros
ejemplares a los que expulsan de sus territorios. Cuando una hembra entra en el
territorio de un macho se produce un comportamiento de acoso (persecución y
mordiscos) que persigue rendir a la hembra y bloquear su huida para que acceda
a realizar la cópula.