jueves, 23 de octubre de 2014

LA PERELLONA

La perellona es el periodo invernal en que el arrozal permanece inundado. No sé a ciencia cierta si por intereses en el cultivo del arroz o por intereses cinegéticos, el caso es que a mediados de octubre se cierran las compuertas que comunican la albufera con el mar, con lo que el agua sobrante inunda los arrozales adyacentes, quedando bajo las aguas incluso las acequias y los caminos. Con esta inundación se abre la veda de caza y las tiradas, convirtiendo los arrozales en un importante recurso cinegético.
Hacia el mes de Enero se abren de nuevo las compuertas de la Albufera y comenzara a bajar el nivel del agua de los arrozales.
El caso es que durante un par de meses, la albufera parece recuperar la extensión y la apariencia que tenía hace doscientos cincuenta años, antes de la expansión definitiva del arrozal que tuvo lugar a partir de la segunda mitad del siglo XVIII. 
Lamentablemente, el inicio de la temporada de caza de las acuáticas supondrá que los pocos caminos que se adentran en la marjal y que no hayan quedado bajo las aguas, se corten al paso de vehículos y personas. 
Los intereses cinegéticos dictan que las aves no deben ser molestadas durante este periodo a fin de que cojan querencia a los arrozales y se concentren en mayor número, para que los días hábiles de caza las haya en abundancia y el número de aves abatidas sea el mayor posible. 
Curiosamente, este año la temporada de caza se inició el 11 de octubre con la perellona sin comenzar, incluso en esa fecha aún quedaban algunos arrozales por cosechar. Desconozco si este retraso se debe a las lluvias de finales de septiembre o a cualquier otra causa, pero el caso es que este mismo fenómeno también ocurrió el año pasado.
Esta mañana me he dado una vuelta por la marjal de Alfafar y el Saler y parece que por fin la perellona empieza a tomar forma. 
Si bien los arrozales de Alfafar ya empiezan a recibir agua y se ven encharcados, los del tancat de les Cabiles (los más cercanos al lago) ya empiezan a estar inundados. Esta inundación ha atraído la atención de numerosas aves y así hoy bullía la vida en este sector de arrozales: muchas gaviotas reidoras, numerosos moritos, pollas de agua, ardeidas varias y abundantes, algún calamón, un par de cormoranes, alguna lavandera blanca, algún bando de estorninos, 1 cernícalo, 4 aguiluchos laguneros y 1 águila calzada.
Sin embargo, hoy sera el ultimo dia que pueda visitar estos arrozales, pues las barreras de cortar el paso ya estaban preparadas para ponerlas de forma inmediata.


La marjal del tancat de les Cabiles ya esta bastante inundada







   


A LA CAZA DE RAPACES

El tema de las rapaces siempre me ha resultado apasionante, aunque abordar su fotografía me resulta un tema harto complicado.
Si bien es conocido que en verano la presencia de rapaces diurnas es muy escasa en la albufera, reduciéndose a unas parejas de cernícalo vulgar y a un puñado de aguiluchos laguneros no reproductores, en invierno la cosa cambia radicalmente.
En la estación fría recibimos a muchos visitantes que vienen huyendo de los rigores del invierno de sus áreas de cría, y entre ellos infinidad de rapaces; aguiluchos laguneros, ratoneros, culebreras, gavilanes, cernícalos, algunas águilas calzadas y otras muchas especies aunque en número mucho más bajo, como algún azor, milanos, águila pescadora, alcotanes o incluso halcones peregrinos. 
Las rapaces vienen a buscar dos factores que en la albufera y en su entorno hay en abundancia, buen clima y abundancia de presas.
El invierno pasado ya hice una intentona de fotografiar aguiluchos laguneros y ratoneros, pero empecé en febrero y ya era un poco tarde pues el retorno a sus áreas de cría estaba muy cercano e incluso algunos individuos ya lo habrían comenzado.  
Al lagunero lo intente en la marjal de Alfafar y al ratonero en un descampado cercano a Silla. El cebo utilizado fueron carcasas de pollo y el resultado fue decepcionante. 
En cinco sesiones intentadas con el lagunero, no llego a aparecer en ninguna de ellas y en su lugar gaviotas sombrías, urracas, ratas e incluso garcillas bueyeras dieron cuenta de las carcasas de pollo. 
Al ratonero le dedique otras cuatro sesiones, y aunque llego a aparecer en una ocasión, fue muy fugaz, pues enseguida desconfió y levanto el vuelo. Un par de fotos de mala calidad es toda mi recompensa a horas y horas de larga espera. 
Este invierno lo volveré a intentar y espero haber aprendido lo suficiente para conseguirlo. Creo que las claves son una buena localización en su territorio de caza habitual y que el camuflaje del hide debe rozar la perfección.

Gaviota sombrias y bueyeras dando buena cuenta de las carcasas de pollo

 

Busardo ratonero

  



viernes, 17 de octubre de 2014

LAVANDERA CETRINA

La cetrina es una lavandera  que se parece a la boyera en cuanto a tamaño y proporciones, pero su cola más larga y las partes grisáceas recuerdan más bien a la cascadeña. En los bordes de las coberteras medianas y grandes posee dos franjas alares blancas, anchas y muy distintivas. Tiene patas e iris de color marrón oscuro y pico negro.
Los adultos, sobre todo durante la época de reproducción, muestran mucho amarillo en la cabeza, el pecho y el vientre (más en los machos que en las hembras), pero dicho color puede faltar del todo en aves de primer invierno, por lo que se asemejan mucho a las lavanderas blancas jóvenes, salvo que carecen de manchas como peto en el pecho.
Las principales zonas de cría se extienden desde el sur de la región del mar Báltico a través del centro y el norte de Rusia hasta Siberia, aunque su área de cría se ha ido ampliando progresivamente hacia el este de Europa y Países Bálticos. Es una especie muy migradora e   inverna en el sur de Asia, principalmente en China e Indonesia. 
En la península Ibérica se le considera un divagante euroasiático, con citas muy puntuales.
Las fotos que ilustran esta entrada (aunque aún está pendiente de homologación por el Comité de Rarezas de la SEO) corresponderían a un joven de primer año que se dejó ver por la marjal del Saler a mediados de septiembre.  





 


domingo, 12 de octubre de 2014

TIEMPO DE SETAS

Estamos en otoño, y no solo de aves vive el amante de la naturaleza, así que es el momento de salir al campo y disfrutar de los grandes alicientes que encontramos en esta estación.
Una de mis actividades preferidas es ir a por setas, tanto para fotografiarlas por su gran variedad en formas y colores, como para recolectar las pocas especies comestibles  que conocemos.
Aunque nuestra comunidad no es muy idónea para la proliferación de hongos, hay enclaves (sobre todo en el norte) donde si las lluvias caen cuando tocan, siempre es posible pasar una buena jornada micológica. 
Así pues, esta mañana hemos ido la familia y unos amigos a una zona del norte de Castellón a buscar setas, y la verdad es que hemos disfrutado de un gran día. Buenísima compañía, buen tiempo (sol, nubes y alguna gota de lluvia) y una buena cosecha de setas. Éramos una cuadrilla de 11 personas y hemos recogido unos 10 kilos de rebollones ( Lactarius deliciosus mayormente y algunos Lactarius sanguifluus) y un puñado de Amanitas caesareas. 
El tema de recolectar setas para el consumo tiene su riesgo. Es imprescindible tener conocimientos de la especie que buscamos y saber reconocerla perfectamente y sin ningún tipo de dudas. Aunque hay varias especies comestibles, solo recogeremos las perfectamente identificadas, pues hay gran número de especies toxicas e incluso alguna mortal.  


Con una de las cestas recolectadas
La bella Ammanita muscaria, pero OJO, es toxica





El buscado rebollón

Variedad de formas y color